
Tengo un cliente que es un chavo universitario, es de Monterrey, pero siempre viene acá a hacer sus desmadres. Fíjate que tiene una fiesta con varios amigos y quieren a una chica para cojérsela entre todos. Yo ya me fleté con ellos un par de veces, no te creas que está tan cañón, no todos te penetran, lo que sí, se te va a entumecer la boca. Si te interesa me avisas, es para este viernes.
¿Un gang bang? Por un lado me excitaba tremendamente tan lujuriosa idea, pero ¿yo con 5, 6 ó ve a saber cuántos cabrones más? Y si todos quisieran penetrarme? No creí poder aguantar. Por otro lado, me sentía en deuda con Julieta, por haber plantado a sus clientes la vez anterior. Caray, qué disyuntiva. Una negativa a Julieta sería la despedida a tan floreciente y lucrativo negocio.
-Qué bien que trajiste minifalda, pasa Jenny.- saludó amablemente Johny, el anfitrión. Pude sentir su mirada hambrienta, recorriendo mi cuerpo entero: zapatillas negras de tacón alto, medias arriba de la rodilla, liguero negro, minifalda de mezclilla, top negro, cabello suelto. -Ven, quiero que conozcas a mis amigos.-dijo, mientras 5 lujuriosas miradas saludaban casi al unísono. -Estás muy guapa- dijo el niño rico de la mirada más lasciva. -Ven, siéntate conmigo- invitó, extendiéndo la mano que minutos antes sostenía un tequila. -¿No te quieres quitar la falda, para que estés más cómoda?- sugirió. Sonreí tímidamente. -No empieces, guey, aguanta vara que lleguen Roque y Marcelo.- dijo Jonhy. -¿Faltan 2?- pregunté sorprendida. -Sí, nada más. Tu amiga se rifó con 10, pero no pudieron venir mis primos, fueron a Orlando.- respondió tranquilamente.
-¿Lo quieres así o con sangrita?- preguntó el más joven del grupo, un guapo adolescente. -Así está bien, gracias.-respondí. -Y entonces, Jenny, ¿estudias o trabajas, a qué te dedicas además de prestarlas?- preguntó burlonamente el de la mirada lasciva. -Trabajo en un table- mentí. -No mames, ¿a poco haces strip? pues ya te estás tardando mamacita- dijo. -Pues, si quieren, pero eso lo cobro aparte- advertí. -Ja, ja, te vamos a pagar hasta la risa, zorrita- contestó un poco molesto, mientras pellizcaba uno de mis pezones, por encima del top. -Mientras llegan esos gueyes, dame unos guaguis- dijo el chico lascivo, inclinando mi cabeza con su mano, hacia su regazo. -Aguanta, guey, no mames, dijimos que nos la iba a chupar a todos en circulo, como la otra vez.- dijo un lindo chico que no había notado hasta entonces. -Entonces, ¿qué hacemos mientras? ¿platicar? mejor me hubiera quedado con la pendeja de mi novia, ja, ja.- reía, mientras volvía el pellizcarme el pezón, ahora por debajo del top. El más joven lo imitó. pellizcos, mordiditas, chupaditas. Roque y Marcelo llegaron.
Marcelo llegò, no sòlo con Roque, sino tambièn una chica muy guapa, al parecer amiga de ellos. -¡No, manches, se trajeron a la Daniela!- susurrò uno de ellos. -sì, guey, pero no creo que comparta, son las nalguitas del Marcelo- sentenciò Johny. -Si la trajo, por algo serà, guey. -Hola, Dany, què guapa te ves. Ven, te presento a Jennyfer, es una amiga de Jonhy. -Hola- sonreì, mientras acomodaba discretamente mis tetas en el brasier. -¡Què onda!- saludò con un gesto alegre y deshinibido. -¿Tù tambièn vienes de Monterrey?- interroguè. -Sì. Gracias, Diego- mientras tomaba de la mano del adolescente un caballito. Le dio un golpe y se lo bebiò de un solo trago. -Asì me gusta, Dany- festejò Roque. -Me late que seas alivianada, no como las mamonas de la facu. -¿Tù tambièn le haces al tubo, tubo? porque esta chava nos va a dar show- no podìa la evidente pregunta. -Ja, ja, no, yo no le sè a eso, pero me encantarìa ver el show- respondiò, al tiempo que se chutaba otro caballito.
Un incansable Marcelo montado sobre la boca de Dany, clavaba su miembro con furor. Otros 2 chicos hacían vibrar un celular en su vagina. Tequila. Fotos. Semen. Risas. Tan perversa imagen me tenía tan absorta que me olvidé por completo de mi. Ya no sentía dolor en el ano, mi boca ya no estaba entumecida. -¿Quieres otra línea, Jenny?- se escuchó. Aquella chica del sofá no se parecía en nada a la glamourosa belleza de minivestido negro de licra que había llegado a la fiesta. Ahora lucía como una demacrada muñeca de trapo sin conciencia de sí. A la distancia se oía vomitar a un chico, otro yacía dormido en un sofá, pero el chico lujurioso no dejaba de penetrarme por todos los orificios. -Traétela pa' acá, Marcelo- sugirió alguien. Dos de ellos cargaban a la princesa de trapo, recostándola a mi lado. -Hay que meterles un dildo a las 2, como en las pornos, una de cada lado.- sugirieron. -No mames, guey, no tengo de esas madres, ni que fuera puto, ja, ja- contestó Johny. -Entonces un pepino, ja, ja. Risas. Burlas.
¿Un gang bang? Por un lado me excitaba tremendamente tan lujuriosa idea, pero ¿yo con 5, 6 ó ve a saber cuántos cabrones más? Y si todos quisieran penetrarme? No creí poder aguantar. Por otro lado, me sentía en deuda con Julieta, por haber plantado a sus clientes la vez anterior. Caray, qué disyuntiva. Una negativa a Julieta sería la despedida a tan floreciente y lucrativo negocio.
-Qué bien que trajiste minifalda, pasa Jenny.- saludó amablemente Johny, el anfitrión. Pude sentir su mirada hambrienta, recorriendo mi cuerpo entero: zapatillas negras de tacón alto, medias arriba de la rodilla, liguero negro, minifalda de mezclilla, top negro, cabello suelto. -Ven, quiero que conozcas a mis amigos.-dijo, mientras 5 lujuriosas miradas saludaban casi al unísono. -Estás muy guapa- dijo el niño rico de la mirada más lasciva. -Ven, siéntate conmigo- invitó, extendiéndo la mano que minutos antes sostenía un tequila. -¿No te quieres quitar la falda, para que estés más cómoda?- sugirió. Sonreí tímidamente. -No empieces, guey, aguanta vara que lleguen Roque y Marcelo.- dijo Jonhy. -¿Faltan 2?- pregunté sorprendida. -Sí, nada más. Tu amiga se rifó con 10, pero no pudieron venir mis primos, fueron a Orlando.- respondió tranquilamente.
-¿Lo quieres así o con sangrita?- preguntó el más joven del grupo, un guapo adolescente. -Así está bien, gracias.-respondí. -Y entonces, Jenny, ¿estudias o trabajas, a qué te dedicas además de prestarlas?- preguntó burlonamente el de la mirada lasciva. -Trabajo en un table- mentí. -No mames, ¿a poco haces strip? pues ya te estás tardando mamacita- dijo. -Pues, si quieren, pero eso lo cobro aparte- advertí. -Ja, ja, te vamos a pagar hasta la risa, zorrita- contestó un poco molesto, mientras pellizcaba uno de mis pezones, por encima del top. -Mientras llegan esos gueyes, dame unos guaguis- dijo el chico lascivo, inclinando mi cabeza con su mano, hacia su regazo. -Aguanta, guey, no mames, dijimos que nos la iba a chupar a todos en circulo, como la otra vez.- dijo un lindo chico que no había notado hasta entonces. -Entonces, ¿qué hacemos mientras? ¿platicar? mejor me hubiera quedado con la pendeja de mi novia, ja, ja.- reía, mientras volvía el pellizcarme el pezón, ahora por debajo del top. El más joven lo imitó. pellizcos, mordiditas, chupaditas. Roque y Marcelo llegaron.
Marcelo llegò, no sòlo con Roque, sino tambièn una chica muy guapa, al parecer amiga de ellos. -¡No, manches, se trajeron a la Daniela!- susurrò uno de ellos. -sì, guey, pero no creo que comparta, son las nalguitas del Marcelo- sentenciò Johny. -Si la trajo, por algo serà, guey. -Hola, Dany, què guapa te ves. Ven, te presento a Jennyfer, es una amiga de Jonhy. -Hola- sonreì, mientras acomodaba discretamente mis tetas en el brasier. -¡Què onda!- saludò con un gesto alegre y deshinibido. -¿Tù tambièn vienes de Monterrey?- interroguè. -Sì. Gracias, Diego- mientras tomaba de la mano del adolescente un caballito. Le dio un golpe y se lo bebiò de un solo trago. -Asì me gusta, Dany- festejò Roque. -Me late que seas alivianada, no como las mamonas de la facu. -¿Tù tambièn le haces al tubo, tubo? porque esta chava nos va a dar show- no podìa la evidente pregunta. -Ja, ja, no, yo no le sè a eso, pero me encantarìa ver el show- respondiò, al tiempo que se chutaba otro caballito.
Y al ritmo de like a virgen, fui llevada a una salita sin muebles, que màs bien parecia un escenario. -¡Haz lo tuyo, mamita!- vitorearon. En realidad sòlo había hecho strip un par de veces a mi ex novio, pero lo habìa ensayado infinidad de veces frente al espejo. Comencè con un baile suave, movimientos cachondos. Acariciè mis senos y pellizquè mis pezones, bailando suave y sensualmente. Acostada en el piso, abrì las piernas y dejè entrever que no llevaba ropa interior. Una humeda panochita rasurada sorprendió a los espectadores. -A la madre, como me gustan- se escuchó. Con un moviviento ràpido cerrè y volivì a abrir las piernas, las cerrè otra vez. Me incorporè. De espaldas, me incliné hasta poner la cara entre las rodillas, acariciando suave y sensualmente mis piernas. Cayò el top. Volteada, con las manos cubriendo mis pechos, seguì bailando al son de ¡Mucha ropa, mucha ropa! Me volteè otra vez, despojándome suavemente de la minifalda, aventándola hacia atrás. Ante la expectante mirada de los presentes, volvì a agacharme, con el rostro entre las piernas, dejando ver mis tiernas tetitas, y un poco màs entre las piernas. Mè incorporè, y con un suave giro dejé ver un brazo cubriendo mis pezones y una mano cubriendo mi pubis. Me acerquè con movimientos sensuales hacia el chico que me hacía señas con un billete. Lo colocó en mi liguero, dándome una suave nalgadita. En agradecimiento, lo dejè ver brevemente mi pubis sin vello. Seguí bailando, mostré mis hermosos pechos pequeños y colocando las manos sobre las rodillas, abrí las piernas en un rápido movimiento que dejó ver una cálida y humeda rajita. ´
Al termino del show, obviamente comenzaron los manoseos. El chico lascivo volivió a pellizcar mis pezones y me dijo al oído "Te voy a dar una cojida que no vas a poder trabajar toda semana, ja, ja". Suaves y apresuradas caricias sobre mis aún firmes glúteos. Besos en los hombros, en los labios. -Hay que hacer el círculo, ¿no?- recordó una voz. -Mejor hay que ponerla de perrito y nos la cojemos uno por uno- se escuchó -Sí, guey, yo ya no aguanto, ya quiero cojer- dijo Jonhy. -No mamen, yo quiero que me la mame primero- dijo el adolescente. -Pues métele la verga a la boca, guey- sugirió Roque, mientras Marcelo desvestía apresuradamente a una ebria Daniela que ya estaba abriendo las piernas. -Yo le voy a ayudar a aquél guey con la Dany, ahí se ven- dijo.
Besos, tequila, caricias. Afortunadamente, la alfombra bajo mis rodillas, era muy suave. El pene del chico más lujurioso, por supuesto, fue el primero en penetrarme. Al menos eso me pareció, pues como estaba de perrito no podía ver más que a Diego sentado en el sillón, metiéndo su firme miembro en mi boca. -Ponte abajo de ella, guey, y yo se la clavo por el culo- se escuchó. Quise detenerlos pero no pude. El del piso bajó mis caderas y penetró mi vagina, mientras un tercero me clavaba su verga en el dilatado culito. -No puedo, así, guey, hay que voltearla- se oyó decir al de abajo, mientras sentía un cuarto par de manos en mis tetas. En ese momento me pregunté cuál sería la suerte de la otra chica. No pude menos que compadecer a una Daniela inconsciente que yacía sobre el sofá, con la boquita chorreando se semen. Dos de ellos le tomaban fotos, mientras Marcelo le dedeaba la vagina. -No te saques de onda, Jenny, Dany también es putita, como tú- dijo una excitada voz que ya no supe ni de quién era. -No, yo ya no quiero- dije, rechazando un tequila. -No te saques de onda, si te empedas, yo te cuido, ja, ja. -No, en serio, ya estoy algo mareada- insistí. -Mira, a la Dany le gusta que se la ejecuten entre varios, ya le hemos dado entre todos así como está, se ha de estar haciendo la dormida, ja, ja. -Bueno, el último, dije. Lo bebí y en unos instantes ya estaba yo acostada boca arriba sobre uno de ellos. -así sí te voy a poder dar por el culo, puta- dijo el chico lascivo, mientras metía su pene en mi ano y Diego, el suyo, en mi vagina. -También te vas a comer una verga, te vamos a cojer por todos tus hoyos, puta- puntualizó. Miré nuevamente a Dany, antes de sumirme en un profundo sopor en el que a pesar de estar consciente, no tenía control de mi cuerpo, ni de mi voz. No sabía si lo estaba disfrutando o quería salir corriendo. Era demasiado. Luego otra verga en mi boca, otro pene en mi vagina, semen en mi rostro. Miré nuevamente a Dany, su suerte no era mejor que la mía.
Un incansable Marcelo montado sobre la boca de Dany, clavaba su miembro con furor. Otros 2 chicos hacían vibrar un celular en su vagina. Tequila. Fotos. Semen. Risas. Tan perversa imagen me tenía tan absorta que me olvidé por completo de mi. Ya no sentía dolor en el ano, mi boca ya no estaba entumecida. -¿Quieres otra línea, Jenny?- se escuchó. Aquella chica del sofá no se parecía en nada a la glamourosa belleza de minivestido negro de licra que había llegado a la fiesta. Ahora lucía como una demacrada muñeca de trapo sin conciencia de sí. A la distancia se oía vomitar a un chico, otro yacía dormido en un sofá, pero el chico lujurioso no dejaba de penetrarme por todos los orificios. -Traétela pa' acá, Marcelo- sugirió alguien. Dos de ellos cargaban a la princesa de trapo, recostándola a mi lado. -Hay que meterles un dildo a las 2, como en las pornos, una de cada lado.- sugirieron. -No mames, guey, no tengo de esas madres, ni que fuera puto, ja, ja- contestó Johny. -Entonces un pepino, ja, ja. Risas. Burlas.
-Guey, pásame un rastrillo- pidió alguien a alguien más que en mi mente carecía de rostro. -¿Para qué?- preguntó. -Pues no ves que la Dany está muy peluda, hay que dejarla pelona como a esta vieja. Ja, ja.- El vello de Dany cayendo sobre la alfombra. El pene de Marcelo, chorreando semen sobre sus redondas tetas. El pene de alguien más chorreando semen sobre mis labios. Un firme miembro salió finalmente de mi trasero. -Tienes 5 minutos de descanso, puta, deja me recupero y te vuelvo a cojer por el culo. Lo tienes bien rico, todavía aprieta. Ja, ja.- rió. -No mames, guey, ya le está sangrando el ano a esa vieja, la vas a dejar coja, ja, ja- se escuchó. De fondo se oía a los Cranberries, creo. Líneas. Tequila. Risas. -Esos putos ya se durmieron, ja, ja.- dijo alguien. -Pues entre los 4 nos echamos la siguiente ronda, nomás deja me echo un perico- dijo Marcelo. -Ya dejen a las putas que se duerman, vamos a jugar play station- sugirió alguien. -No seas puto- se oyó. -¿Jenny? Tú si estás al tiro, ¿verdad?- preguntaron. Asentí. Inhalé. -Cójete a la Dany, chúpale la pepa- me ordenó alguien. -No puedo, no me puedo levantar- respondí. -Ja, ja. Con que sigas levantando las patas, ja, ja- se escuchó.
Boca arriba las 2, nalgas con nalgas, las piernas abiertas a más no poder. Un objeto duro en ambas rajitas. Fotos. Risas. -¿No tienes algo más grande, guey?- se escuchó. -No le cabe- dijo Marcelo, escupiendo en mi vagina, mientras ponía todo su esfuerzo en meter algo muy duro y grueso en mi enrojecida pepita. Aceite de cocina, un envase de caguama introduciéndose en mi vagina. Fotos, risas. El infatigable pene del chico lujurioso cojiéndose a Dany por el culo. Se vino en un vaso. Sirvió tequila en él. -Trágatelo- me ordenó. Risas. Marcelo ayudaba a una adormecida Daniela a tragar una pastilla. -Mi amor, es para que no te duela el culito.- dijo Marcelo -¿Te gusta por el culito, mi amor?- preguntó. Dany asintió. -No te preocupes, siempre te voy a cojer tu culito- dijo Marcelo minutos antes de caer inconsciente junto a su muñeca.
-Para eso me gustaba el puto. Ahora me voy a tener que cojer yo solo a las 2 putas- se escuchó. -No mames, guey, y nosotros 2 qué. Ja, ja.- oí. -Yo me voy a seguir cojiendo este culito rico- dijo alguien, mientras metía sus dedos en mi palpitante ano. -Yo ya estoy cansado, guey, que me mame la verga y me voy a dormir- dijo alguien. -Mámale la verga a este cabrón, Jenny, no seas mala onda. -No es mala onda, es que no puedo levantarme- dije, mientras limpiaba restos de semen de mis labios. -Mira, puta, no te hagas del rogar que para eso te pagamos y te pagamos muy bien- reclamaron. -Ya déjala, guey, no ves que ya no puede, no seas mamón- se oyó. -Y entonces qué madres hago, guey, yo todavía quiero nalgas, estoy bien caliente. -Métesela por el culo- dijeron -Nel, ya lo tiene bien aguado y está todo embarrado de madres. -se lo lavo, guey- dijeron, mientras derramaban un líquido frío en mis nalgas. -Ya está, guey- dijeron -Nel, mejor se la meto en la boca, tu nomás flojita y cooperando, Jenny.- dijo un chico, mientras metia su verga hasta el fondo de mi garganta. Cabalgó despacio, después un poco más rápido, movimientos circulares. Un objeto duro y frío, vibrando en mi vagina. Risas. -Me voy a venir en tu boca, quiero que te los tragues, ¿sí, preciosa?- dijo. Asentí. Traté de quitarlo cuando sentí atragantarme. -¡Trágatelos!- ordenó. No tuve remedio. Un trapo en mi vagina: era la tanga de Daniela. A ella le metían en su raja, mi liguero. Risas. -Ya estuvo, ya me voy a dormir- dijo por fin el chico lujurioso. Sólo para dar paso a los perversos juegos de Jonhy y otro más. -Hay que ver a cuál de las 2 le caben más mamadas en la pepa, ja, ja- se escuchó decir. Con la tanga y el objeto vibrante adentro, sentí una mano introduciéndo un objeto frío y duro en mi pepita. -Pásame los calzones de esa vieja, guey- dijo uno de ellos. -No mames, no ves que no traía- rió -Ja, ja, si es cierto. Entonces ¿qué le meto?- -Métele la botella- susurró. -No mames, no le cabe. Ya le metí mis calcetines, el liguero y mi cel, guey- dijo -Va, guey, pues así. Métele la verga en el culo, el primero en venirse gana. ¿va? Una, dos, tres.- contó. Al ritmo de tan entusiasta cabalgata, comencé a recobrar el sentido, y con ello, una sensación de ardor que jamás había experimentado. -¡Ya, quítate!- exigí, aventando a Jonhy con todas las fuerzas que alcancé a juntar. -Ja, ja, perdiste, guey- se escuchó. Me saqué una tanga roja, un calcetín, un celular y una cuchara de la vagina. Traté de levantarme. -Ya me voy- advertí -No, niña, el trato fue toda la noche- dijo Jonhy tranquilamente. -Pero es que ya me quiero ir, ya me duele todo el cuerpo- imploré casi llorando. -Mira, vamos a hacer una cosa- dijo -Echate un pericazo para que no te duela, quédate una hora más, te doy tu lana y te llevo a tu casa o a donde vayas- sugirió. -No, es que de verdad ya me quiero ir, por favor- rogué. -Ya guey, déjala que se vaya, ahí está la Dany. -Bueno, mira, aquí está, es el doble de lo acordado, te portaste muy bien. Ya sabes que cuando quieras, nosotros somos cuates, no somos mal pedo. Yo vengo cada 15 días, a ver si te animas otra vez, te traes a Julieta y yo traigo otros cuates, ¿no?-invitó. Asentí, mientras contaba el efectivo. -Gracias, voy a cambiarme a tu baño y me voy- dije.
El ardor era insoportable cuando oriné. Al descubrir sangre, semen, aceite y hasta refresco en mi ano, tomé una rápida ducha. Una moneda resbaló de mi vagina. Frente al espejo descubrí decenas de chupetones en todo el cuerpo. Enjuagué mi boca para tratar de borrar el sabor a semen y sangre. Me puse el pants gris que traía en mi mochila, me hice una cola en el cabello y salí del lugar, esforzándome por ignorar a la chica con la escoba dentro de la vagina y al anfitrión metiendo un bat de beisbol en su ano. Su amigo sostenía en alto una de las piernas femeninas, al tiempo que vaciaba una botella de yogurt en la entrepierna.
El timbre del teléfono me produjo un sobresalto que me sacó por completo de mi degenerada fantasía. Lo siento, Julieta, pero no voy a poder atender la cita con tu amigo de Monterrey. Tengo un examen muy importante. Ahí luego me avisas si cae otra chamba, ¿sale?. Rezaba mi respuesta. No volvió a escribir. Mi corta carrera como prostituta de lujo había terminado.




