miércoles, 5 de septiembre de 2007

Una Puta De Closet




Todos tenemos fantasías sexuales. Algunas más light, algunas más locas. He oído infinidad de fantasías en boca de mis amigos, amigas, primas, etc. Las más comunes (que generalmente son las únicas que nos atreveríamos a confesar en público) tienen más que ver con el lugar donde tienes sexo, que con el tipo de persona que te gustaría tener sexo, con las posiciones que te gustaría probar o con roles que nos gustaría asumir durante la relación sexual.

No es que no tenga fantasías sobre los lugares en que me gustaría tener sexo, pero es que entre la azotea de una casa, el parque, el auto, la orilla de la carretera o un baño público, como que ya no me quedaron muchos lugares con los cuales fantesear. Fanteseo más bien con el rol que me gustaría asumir. Siempre me ha excitado la idea de ser sometida por uno o varios hombres, como una esclava sexual. Claro que eso sólo es una fantasía que sería muy peligrosa de llevar a cabo. ¿Qué hombre se prestaría a la enfermiza situación de someter a su hembra a perversas posiciones, crueles ordenes y humillantes acciones para satisfacerse egoístamente él (y secretamente a la dama)? Tal vez muchos, sí, ¿pero, qué mujer en su sano jucio te lo pediría? ¿a qué clase de mujer se le exigirían esas cosas? Tal vez a una prostituta, claro, bajo la premisa de que el que paga manda.

Estos pensamientos, en un momento de calentura primaveral, fueron los que me llevaron a tomar el teléfono y marcar el número que vi en el periódico "se solicitan chicas para masajes". Pedí informes por teléfono y acudí a una cita con la encargada del lugar. Creo que tenía 22 años cuando me dirigí a la dirección que se me dio. Nervios. Excitación. Humedad. Ansiedad (de ser poseída por un extraño que exigiría ser complacido y como un plus recibir un pago por mis servicios)

El lugar era una casa habitación común y corriente: la sala, el baño, la cocina y una planta alta con lo que presuntamente serían varias habitaciones. Había unas 3 ó 4 chicas muy mal encaradas, pintándose las uñas, cepillando su cabello, etc. Yo fuí llevada con la encargada del lugar a lo que parecía ser el comedor. -¿Ya has tenido relaciones antes, vdd?- preguntó (no, pendeja, quiero que me desvirgue el primer borracho panzón de la esquina) -sí, sra.- respondí tímidamente. -Mira, hija, por cada relación te vamos a pagar $500 y la comisión que yo te cobro es del 50%, aparte te doy los condones, ¿qué te parece?- preguntó -Muy bien, sra. ¿puedo trabajar hoy? -Sí, mija, pero abusada con las chicas o te quedas sin clientes. mira, vente a las 6. Viene un cliente que le gusta la carnita fresca, te lo aparto, pero puntualita, mija. -sí, señora.

-¿Tú eres Jenny?- preguntó el cliente, que afortunadamente no era ningún borracho apestoso, ni era tan feo. Era más bien un señor alto, fornido, con perfume barato, con traje y portafolios; que había venido a la ciudad por trabajo y de vez en cuando visitaba el lugar. -Sí- alcancé a responder. -Se ve que estás bien rica. ¿Te gusta el sexo anal? porque te puedo pagar más si te dejas penetrar por el culito.- (!!!???) Jamás había tenido sexo anal. Bueno, sí me habían penetrado por detroit, pero nomás tantito. -Pues, no lo he hecho así, dicen que duele- dije. -Pero te va a gustar, además traje cremita. te doy un quinientón pa' ti solita.- ofreció, mientras ponía sus manos sobre mi para desvestirme a toda prisa. No me pude resistir, ya estaba dentro del juego.

-Primero dame sexo oral, pero natural. ¿Te tomas la lechita? -Pues si quiere- mentí, pues ya sabía como hacerle parecer que sí, pero sólo terminaban embarrados en los labios y manos. -Ahora ponte de perrita que te voy a cojer por el culito- ordenó (oh, si, qué perra y que usada me sentía, pero que rico fue) -ay, me está doliendo- me quejé. -Mija, pero si ya te tengo bien ensartadita- dijo. -ay, pero despacito, por favor- pedí. No me escuchó. Arremetió contra mi una y otra vez. Tuve la sensación de que ese pene (que para colmo, era el más grande que había visto en mi vida) palpitaba en mi interior con tanta fuerza que rompería mi ano. -¿Estás en tus días?- preguntó. -No, ¿por qué?- dije. -porque tienes tantita sangre. -Es que su pene es muy grande y mi ano, pues no lo es. -Ya mero acabo- dijo, mientras dejaba caer más cremita. Estuve a punto de explotar de dolor (y de placer), pero confieso que fue muy, muy rico.

-Te los ganaste- dijo, mientras dejaba caer varios billetes arrugados sobre la cama destendida. (¡Qué puta me sentí! y eso es lo que era, era una puta, una puta que se dejó ensartar el ano por dinero) -Gracias- dije. Se marchó. -Señora, ahorita regreso, voy a la tienda por unas papas- mentí. No regresé jamás. Aunque la escena la he revivido incontables veces en mi mente, hasta el cansancio. Las palabras de ese hombre extraño dándome órdenes, exigiéndo cómo debía ponerme: ¡abre las piernas! ¡tómate tu lechita! Ensartada, estás bien ensartada, mija. Palabras que jamás olvidaré. Palabras que siguen haciéndome mojar.


Fue una experiencia orgásmica la de hacerme pasar por prostituta. Pero como sólo era el hecho de ver realizada una chaqueta mental, pues no veía el caso de volver a repetirla. Cierta ocasión, (apróximadamente 1 año después de mi relato anterior) conocí a Julieta por internet. No sólo era escort, sino que era escort de lujo con negocio propio, cuya principal materia prima eran, por supuesto, sus nalgas perfectas.

Juro que no fue mi idea, es sólo que ella me contactó porque vio mi perfil en hotmail y tuvo la evidente idea de que cualquier chica que anduviese por ahí enseñando sus cositas, estaría encantada de asociar sus encantos a los de ella. ¿Te interesa ganar de $600 a $1000 por servicio? No te cobro comisión, esa es aparte. Son clientes de lana, de fuera de la ciudad. No hay riesgos, todos son clientes selectos. Su correo no pudo menos que tentarme. ¿A quién le caerían mal esas cifras por abrir las piernas un par de horas o menos? Además, ya lo había hecho antes.

Julieta me envió los datos que debía tener. Hablé con ella un par de veces y diariamente estuvimos en contacto por medio del chat. El servicio normal es sexo oral y vaginal por hora y media. Ahí te ganas $600. Si quiere anal, le cobras $800. También tengo clientes que entre dos se cojen a una chava, ellos te pagarían $1000 por 2 horas, si quieren anal, tú te arreglas con ellos. Pasaron varios días, hasta que finalmente me dijo que me tenía 2 clientes que venían de Puebla, que querían a una chava para disfrutarla entre los 2. Acepté. Las piernas me temblaban. Tenía miedo. No me atreví.

Pinche Jenny, ¿qué pedo contigo, pendeja? me tuve que fletar con los 2 porque tú los plantaste, no mames. Me dio una oportunidad más. Era un caballero muy elegante, un señor muy amable de unos 45 años. Me trató como una princesa, hasta que llegamos a la cama. -Jenny, estás bien buena, mija. Te me antojas para ponerte de chivito en precipicio.- advirtió. Sonreí. -¿Soy el primero?- preguntó -¿perdón?- con la mirada más ingenua -Que si soy el primero de hoy o ¿ya llevas varios?- dijo burlonamente. -No, es el primero- respondí. -Mira, hija, yo soy muy sucio, pero te voy a pagar bien, si algo no te gusta, me dices. -Sí.

-¿Te puedo amarrar las manos? No te amarro fuerte, nomás para hacer el jugueteo. -Pues, si usted quiere, pero no me apriete mucho.- Me desnudó por completo, dejándome únicamente en calzones. Tomó su corbata y ató mis manos suavemente hacia la espalda. Puso su cara entre mis piernas y no dejaba de olerme y meter sus nariz en mi rajita, luego hizo el calzón a un lado y metió sus dedos finos en mi vagina. -Estás bien rica, mi amor, tu cosita está bien rosadita, se ve que eres nuevecita- adivinó. -Te vas a comer un pene bien rico. ¿Te gusta? Cómetelo, mi amor- decía, apoyando las manos contra la pared, encima de mi, asfixiándome con todo su miembro metido en mi boca.

-¡Qué rico lo mamas, mi amor! ¡Cómetelo! ¡Cómetelo todo que es tuyo! Ya no aguanto más, te voy a cojer, bebé.- se puso un condón, colocó una almohada bajo mis caderas y levantó mis piernas a más no poder, penetrándo incansablemente mi palpitante vagina que suplicaba ser poseída. Ya con las manos desatadas, repetimos la acción. -Ahora, chúpame la verga- dijo, hicándome en el piso. -¿Te gusta la verga?- preguntó. Asentí. La sacaba de mi boca, haciéndome pescarla otra vez con los labios. -Te los voy a echar en la cara- advirtió. Así lo hizo. El pago valió la pena.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Eres una puta apetecible y deseada, estas muy buena, gran poprcion de la geografia mexicana hay en ti.
Saludos
Fernando
el cubano